lunes, 14 de julio de 2008

LA OBRA

Tal que parecía que aquel buen hombre estaba maltratando aquellos materiales, con tanto meneo, vueltas, arriba y abajo, metiendo violentamente la pala en aquel montoncito, removiendo con ritmo, su respiración denotaba el esfuerzo.

Es sorprendente como con un poco de simple arena, agua y un polvo grisáceo, que por separado son elementos mas o menos neutros, unidos entre si se puede conseguir una substancia casi pétrea, resistente, que funde, que da coherencia.

Ese proceso lo estaba observando Mauricio desde el banco del parque, allí sentado llevaba ya un rato, mientras miraba, por su cabeza habían pasado multitud de recuerdos, momentos vividos, angustias, ese nudo en el estomago que pareció no terminar nunca.

Todo aquello fraguo, se mezclo y su corazón se hizo fuerte, la prueba viviente de todo aquello venia andando, acercándose a el, venia de casa de su hermana, de recoger unos papeles y quizás de alguna charla entre mujeres, con esa sonrisa que escondía un bagaje de vida que solo ellos conocían.

Avelina se sentó junto a el, le cogió la mano, no le miro, se sabia su cara de memoria, era seria, normalmente parecía enfadado pero bastaba un gramo de su cariño para que una sonrisa se dibujara en su boca, esa sonrisa que la enamoro cuando sonreían por todo.

Allí sentados se pasarían un rato mas, hasta decidir el menú del domingo, no tenían otra cosa que hacer, para quererse tenían el resto de su vida entera.

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