sábado, 9 de mayo de 2009

IMPACIENCIA

Es como un insecto pequeño que te va picando una y otra vez, la molestia no es grande, pero con la acumulación de agresiones empiezas a sentir a su prima, la angustia.

Se te mete en los sueños sin permiso, se te cuela en la vida sin quererlo y hace del calendario un enemigo feroz, imaginas otra realidad, pero la que ves es la que sirve y encima te la distorsiona.

A unos les llega pronto y a otros no tanto, no hay una regla fija, unas veces esta unida al deseo y otras es como las letras del tesoro, a largo plazo, será por lo del interés.

Dominarla no es fácil, sufrirla si.

Mi depósito es grande y aun así, noto como esta a punto de rebosar.

TIC TAC

No llevo reloj, bueno llevo móvil que para el caso es lo mismo.

Hoy he comido con veinte personas y un niño, que para el caso es una persona pero en periodo de imitación de mayores, pobre.

Bueno el caso es que me he fijado en las muñecas de todos ellos y todos llevaban artilugios mas o menos sofisticados para medir el tiempo, yo no, me ha sorprendido un tanto, ¿no será que la idea del tiempo para mi es diferente?, no creo.

Pero me ha llevado a verlo como ese tirano que se hace largo cuando el dolor es intenso y sumamente escaso cuando la alegría es compañera.

La verdad es que perdemos la mayor parte del tiempo en alimentar nuestras necesidades mundanas y nuestras verdaderas necesidades se quedan sin el o con una parte ínfima.

Por esa razón, echo la primitiva, para poder comprar tiempo, para poder comprar mi vida, para poder mirar sin prisa, para poder tocar sin pensar en las manos vacías, para poder dormir y despertar por una razón cercana.

Maldito tiempo, tu no tienes la culpa, la culpa es nuestra, pero eres una maldición.

MALDITAS PUERTAS

Hay puertas que tardan en abrirse, tardan y tardan, mas que puertas parecen murallas.

Se queda uno delante de ellas con la esperanza de traspasarlas, de que nos abra su contenido esperanzador, sentimos que la distancia que nos separa es poca, pero no vemos que se mueva, debe ser también nuestra impaciencia.

Allí estamos, delante de ella, como rogando su apertura y hay que apretar los dientes para que no se caiga la alegría del comienzo, aunque se caiga, nos agacharemos a recogerla con cariño y volveremos a ponerla en su sitio.

LEJANIA

Aquel sufrimiento le superaba, sentía impotencia, era un soldado en mitad de una guerra, sin sitio donde poder respirar, le faltaba el aire.

La tensión arterial se estaba apoderando de el, las manos le sudaban y el corazón le dolía, en sentido figurado y en el otro, eran momentos que no deseaba, pero allí estaban, golpeando esa incipiente alegría que tenia colgando del alma.

La negrura se abatía sobre la noche, la luz desaparecía, la muy cobarde.

Recordaba otros momentos y se rebelaba, apretaba las manos y notaba como las cuchillas de la tristeza se le clavaban inmisericordes.

De algún recóndito lugar sonó un disparo de defensa y fue peor, mucho peor.

Después de las guerras, el paisaje es desolador, aunque brille el sol, hay un silencio estremecedor que persiste, aun cuando suene un te quiero.
 
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