Eran las dos de la mañana, acababa de pasar el camión de la basura con ese ruido infernal que rompía la noche, Avelino estaba escribiendo un dialogo de Mauricio, era el séptimo capitulo de aquella novela que nunca terminaba de quedar a su gusto.
La escena se desarrollaba en el hotel Florida, habitación 508, eran las 7 de la mañana y Mauricio se acababa de despertar de un ligero sueño de dos horas y media.
"Estaba cansado y me dormí, fue un momento de debilidad, al despertar sentí su mirada, mi piel se chivo de sus caricias cuando no podía reaccionar, su calor junto a mi me recordaba lo bonito que era el despertar en compañía, no quise moverme, me quede quieto disfrutando del momento."
Las palabras expresaban un estado de calidez del momento, lo había rehecho ya varias veces y no terminaba de quedar a su gusto, es difícil plasmar sensaciones que nunca se han sentido.
Avelino dio varias vueltas en la habitación y se acordó de aquella bonita chica que tuvo de vecina a los 17 años, se imagino con ella en la habitación del hotel, despertando como Mauricio, borro lo escrito y empezó de nuevo.
"Estaba exhausto después de tanto amor, me rendí, empecé a soñarla, me despertó su mirada clavada en mis ojos, con esa dulzura que desprendía de forma natural, sus dedos todavía estaban recorriendo mi brazo, su sonrisa se me metía dentro y daba las gracias por poder sentirla de esa manera, era el despertar mas cálido que había sentido en muchos años, se sentía la complicidad y el cariño que flotaba por la habitación, acurrucado en su regazo me quede inmóvil, para sentir su calor y poder disfrutarla de esa manera que tanto me gustaba."
Mucho mejor, pensó, mañana ya vería como lo remataba.
jueves, 3 de julio de 2008
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