viernes, 4 de julio de 2008

CORREOS

Avelina recorrió mentalmente su mundo, todas esas cosas que tenia apuntadas en la libreta de los sueños, hacia mucho tiempo que había dejado de leer y de escribir.

Era como un recuerdo en la lejanía, una cosa de críos, todas esas ansias de conseguir realizar todas esas cosas que necesitaba su alma, su corazón y su vida.

Su vida se parecía a un bazar de playa, lleno de cosas que no necesitaba ni le daban ninguna satisfacción, ella deseaba cosas, deseaba vivir y sentía como su juventud y su madurez se habían gastado para llegar a este punto, en donde se dormía por las noches con la esperanza que el día siguiente no fuera peor que el que acababa.

La musica lo oía, ya no la escuchaba, sus prisas constantes eran fruto del reloj y no de que alguien la esperara con la mano tendida, su cara denotaba el paso de los años y se arreglaba, pero no encontraba maquillaje para disimilar tanta infelicidad.

Por eso tardo en contestar a esa carta que había entrado en su vida como un rayo de luz, sabia que las cosas no cambiarían, todo seguiría igual, así debía de ser, pero esa carta le daba lo único que todavía no había perdido del todo, le daba un trozito de lo que mas falta le hacia.

Le daba cariño.

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