miércoles, 2 de julio de 2008

INTERNET

En la recepción del complejo Solimar trabajaba Mauricio, le gustaba su trabajo y además sonreía a menudo, no era una pose, era sinceridad, era así.

Veía la gente pasar, solo unos pocos repetían y les trataba con cierta familiaridad, con un especial cariño, los extranjeros eran mayoría, el sin embargo prefería a los nacionales, no era homofobia, simplemente se entendía mejor y las bromas eran entendidas por las dos partes.

Una noche vio a Avelina sentada en la zona de internet, la notaba mas seria de lo normal, su sonrisa de todos los días no estaba en sus labios, es mas, creía intuir cierta tristeza en sus ojos, cierta emoción, cuando vio caer lágrimas de sus ojitos, se conmovió de tal forma que pidió el relevo a un compañero y se dirigió a esa zona.

No sabia que es lo que iba a hacer, pero de dirigió con paso decidido, se sentó en el puesto de enfrente y le tendió un pañuelo con una mirada amigable, ella no dijo nada, lo cogió y seco esas incipientes humedades en sus ojos.

Estaba leyendo un correo, minimizó la pantalla y le dio las gracias con esa dulzura que tenia siempre en sus labios, "espero que no sean malas noticias" dijo Mauricio, ella cerro los ojos y negó con la cabeza, le devolvió el pañuelo y dijo en voz muy baja "son lágrimas de alegría, soy inmensamente feliz".

A Mauricio le basto la respuesta y se despidió con un "me alegro mucho, de verdad", retomo el trabajo en la recepción, miro a Avelina por ultima vez y pensó "te lo mereces".

En los muchos años de psicólogo detrás del mostrador, sabia que aquellas lágrimas salían directamente del corazón, lágrimas de amor, lágrimas por alguien que completaba a aquella maravillosa criatura.

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