lunes, 30 de junio de 2008

TECNOLOGIAS

No se había convertido en una costumbre, era simplemente una necesidad cada vez mas grande que tenia cada mañana, de susurrarla, de despertarla a la vida con mensajes al móvil, en el camino del trabajo o recién llegada a el.

Quería despojarla de la triste realidad y por unos momentos, hacerla soñar con palabras escritas sin premeditación pero con mucha alevosía, hacerla ver lo importante que era, lo que valía, que viera y se diera cuenta que la persona que miraba por las mañanas en el espejo del baño, era la misma de la que hablaban aquellos mensajes, creo que lo sabia en el fondo pero era tan sumamente tímida y desposeída de todo egoismo que alguien lo tenia que hacer por ella, además era la verdad.

Se merecía una vida mejor y estaba dispuesto a todo con tal de dársela, ¿sacrificios?, por conseguir ese regalo no creo que se pudieran considerar así, a lo sumo incomodidades.

Su lenguaje era de adolescente, metido en unos cuerpos batallados por la vida y con una idea muy clara de sus deseos, mas allá del momento y del aquí y ahora, lo suyo era un compromiso, una certeza y una maravillosa necesidad de alcanzar ese cielo pintado de esperanza.

Valladolid no era una mala ciudad para vivir.

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