Avelina estaba de mudanza, se cambiaba de casa y de vida, ahora tenia que decidir sobre lo acumulado a lo largo de los años, todas esas cosas que conformaban su pasado estaban levantando la mano para ser elegidas.
La colección de mascaras de carnaval, los botecitos de pintura de uñas que había usado desde los 16 años, los elefantes de la suerte, amasados desde la adolescencia, el armario heredado de sus padres con esas molduras tan sugerentes y pintado mil veces, la silla de la abuela, el sofá que compro con su primer sueldo, las cuatro cajas de libros y apuntes de la carrera, todos los cachivaches de pintura, incluidos los tres caballetes y dos taburetes, la mesa adquirida en aquella subasta, con esas patas imitando las de un elefante y su mapamundi serigrafiado, todo no podía ser.
Había cosas que no le importaba dejarle a el, eran cosas compradas a medias, casi sin valor sentimental, pero sus cosas eran parte de su vida y además en la nueva casa no había sitio suficiente para tanto, era un problema, no sabia como solucionarlo.
Tendría que renunciar a algunas cosas para conseguir otras y entre esas estaba su felicidad.
lunes, 30 de junio de 2008
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