lunes, 30 de junio de 2008

CRECIENDO

Técnicamente, Paula era su hija, había unido su vida a su madre Avelina no hacia mucho, estaban los dos solos en casa, Avelina estaba haciendo unas gestiones personales y Paula lloraba en su cuarto.

Mauricio hacia tres meses que vivía en Valladolid, estaba acostumbrándose a todas las novedades que lógicamente todavía estaba asimilando, pero esto era algo demasiado nuevo y desconocido.

Paula era una adolescente estupenda, a la que empezaba a conocer y a querer, siempre desde la distancia y la suavidad, lo intentaba, algo sabia de esos menesteres, pero no era fácil, hacia de marido pero lo de padre era una aventura todavía, tacto y delicadeza.

Allí estaba Mauricio en el sofá, con ese lloro apagado retumbando en sus oídos y Avelina que todavía le quedaban por lo menos dos horas para llegar a casa, no sabia que hacer, si la llamaba se alarmaría y lo dejaría todo e iría con urgencia de madre amantísima con el corazón en un puño, no quería preocuparla pero tenia que hacer algo, no quería violar la intimidad sacrosanta de su cuarto, se había encerrado nada mas llegar, casi sin mirarle, casi sin saludar, a la pregunta de ¿Paula te pasa algo?, solo mirando al suelo empezaron a caer las primeras lagrimas.

Sabia que sufría y mucho, no era un estado en que la hubiera visto hasta ahora, era una adolescente retraída que expresaba poco sus buenos sentimientos y esas lágrimas debían de ser importantes para ella.

Pensó y lo único que se le ocurrió fue coger el teléfono y enviarle un sms, no sabia como funcionaria, "Paula, te espero en el salón, tu casi padre".

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