Escribir a las catedrales es casi tan difícil como hacerlas, cuando uno no las ha visto, se tiene que guiar por lo que le cuentan y eso siempre distorsiona su imagen, crea otra realidad.
Aun así cuando uno se atreve a hacerlo, lo hace desde el respeto y las tremendas ganas de conocer, conocer sus pensamientos, sus deseos, sus ilusiones, sus vivencias, sus penas, sus secretos no, los secretos de las catedrales son patrimonio de su creador y de ellas mismas.
Uno se imagina poniendo la primera piedra de una catedral y se siente estar haciendo algo que tendrá su resultado, mucho, mucho después.
Ya se sabe que las catedrales tardan en hacerse y algunas se paran a medio hacer, como las personas.
jueves, 12 de junio de 2008
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