Su corta vida no había sido sencilla, el exterior había influido en el interior mas de lo que le hubiera gustado.
Su punto de referencia era su madre y amiga, el mundo iba y venia pero ella siempre estaba, la quería y sufría por las dos, las dos lo hacían.
Por eso, esa noche cuando se abrió la puerta de casa y ella entró, el corazón le dio un brinco, desde que sintió la puerta hasta que fue a la habitación, le dio tiempo de verla mil veces.
La veía con esa sonrisa tan dulce que tenia, que ocultaban las penas que corrían por dentro, pero si su sonrisa no le decía como estaba, lo dirían sus ojos, cansados de mirar y no ver, temía ver esos ojos mojados o peor, sin expresión, sin esperanza, sin ilusión.
Cuando entro en su habitación para darle las buenas noches, se dio cuenta que estaba alegre, y que sus ojos le decían que acababa de abrir una puerta de una habitación llamada esperanza, así lo había decidido.
Esa noche se durmio poco, pero con un poco mas de ilusión.
domingo, 22 de junio de 2008
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