Avelina se sentía en un estado en que la lógica no existía por momentos, el amor que sentía era pura química y además se fabricaba en su cerebro.
Sufría una de las enfermedades más terribles y disparatadas que existen.
Sus síntomas eran muy parecidos a los de algunos trastornos obsesivo-compulsivos estudiados por la psiquiatría, como lavarse las manos continuamente o comprobar sin parar que una puerta esté bien cerrada, ella pensaba todo el día en una persona que venia a ser lo mismo.
Sus niveles de serotonina eran un 40% inferior al de las personas "sanas", unos niveles similares a los de aquellos que padecen cuadros depresivos.
La serotonina es un neurotransmisor que ejercía un efecto tranquilizante y optimista en su cerebro, por lo que ya sabia a qué se debía ese "no sé qué tengo, no sé qué me pasa" que le traía consigo ese amor que sentía.
La fase del enamoramiento según estudios tiene, químicamente, una caducidad de un año.
Y menos mal.
También sus hormonas sexuales estaban por las nubes, la testosterona y los estrógenos, se sabe que la producción de estas hormonas en invierno y con poco sol se reduce, pero con la llegada de la primavera, pues eso que todos sabemos, pero es que ella vivía en una primavera soleada desde hacia siete meses.
A decir verdad, durante la atracción sexual de Avelina habían aparecido en escena otros neurotransmisores: la adrenalina, que la aceleraba el ritmo cardiaco y la hacia sudar, entre otras maravillas, por los motivos mas variados o la dopamina, con efectos parecidos a los de la cocaína o la nicotina.
Todo un terremoto a nivel hormonal que era imposible que su organismo pudiera aguantar eternamente.
Por esta razón se moría, a veces sin saberlo, por pasar a la siguiente fase, en la que se va al cine el sábado o se ve la tele en el salón.
Pero a pesar de este terremoto que sacudía cada día su cuerpo y mente, todavía había otras hormonas que intentaban resolver ese come-come que le traía el amor, las que le debían decidir si la persona objeto su obsesión y desarreglo hormonal, merecía la pena.
La occitocina es una hormona segregada por el hipotálamo durante el parto y la lactancia.
Queda claro pues, el componente de unión, comunión, o como le queramos llamar, que comporta.
Lo bueno de la cuestión es que durante el orgasmo su cerebro también la segregaba, o sea, que cuanto más sexo tenia con Mauricio, mayor grado de compromiso y de confort sentía.
La occitonina actuaba en pocos segundos y era responsable de sus subidas de tensión sexual ocasionadas, por ejemplo, por una simple caricia de el.
¿Será que la hormona de la fidelidad, existe? Sin duda, el cerebro de algunos debe estar atrofiado.
Sufría una de las enfermedades más terribles y disparatadas que existen.
Sus síntomas eran muy parecidos a los de algunos trastornos obsesivo-compulsivos estudiados por la psiquiatría, como lavarse las manos continuamente o comprobar sin parar que una puerta esté bien cerrada, ella pensaba todo el día en una persona que venia a ser lo mismo.
Sus niveles de serotonina eran un 40% inferior al de las personas "sanas", unos niveles similares a los de aquellos que padecen cuadros depresivos.
La serotonina es un neurotransmisor que ejercía un efecto tranquilizante y optimista en su cerebro, por lo que ya sabia a qué se debía ese "no sé qué tengo, no sé qué me pasa" que le traía consigo ese amor que sentía.
La fase del enamoramiento según estudios tiene, químicamente, una caducidad de un año.
Y menos mal.
También sus hormonas sexuales estaban por las nubes, la testosterona y los estrógenos, se sabe que la producción de estas hormonas en invierno y con poco sol se reduce, pero con la llegada de la primavera, pues eso que todos sabemos, pero es que ella vivía en una primavera soleada desde hacia siete meses.
A decir verdad, durante la atracción sexual de Avelina habían aparecido en escena otros neurotransmisores: la adrenalina, que la aceleraba el ritmo cardiaco y la hacia sudar, entre otras maravillas, por los motivos mas variados o la dopamina, con efectos parecidos a los de la cocaína o la nicotina.
Todo un terremoto a nivel hormonal que era imposible que su organismo pudiera aguantar eternamente.
Por esta razón se moría, a veces sin saberlo, por pasar a la siguiente fase, en la que se va al cine el sábado o se ve la tele en el salón.
Pero a pesar de este terremoto que sacudía cada día su cuerpo y mente, todavía había otras hormonas que intentaban resolver ese come-come que le traía el amor, las que le debían decidir si la persona objeto su obsesión y desarreglo hormonal, merecía la pena.
La occitocina es una hormona segregada por el hipotálamo durante el parto y la lactancia.
Queda claro pues, el componente de unión, comunión, o como le queramos llamar, que comporta.
Lo bueno de la cuestión es que durante el orgasmo su cerebro también la segregaba, o sea, que cuanto más sexo tenia con Mauricio, mayor grado de compromiso y de confort sentía.
La occitonina actuaba en pocos segundos y era responsable de sus subidas de tensión sexual ocasionadas, por ejemplo, por una simple caricia de el.
¿Será que la hormona de la fidelidad, existe? Sin duda, el cerebro de algunos debe estar atrofiado.

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