Eran las diez y media en la ciudad, en el salón estaban Avelina y su hija Paula, Mauricio estaba en la cocina fregando los cacharros de la cena, cuando termino, se unió a ellos en el sofá, en el pequeño estaba Avelina echada y en el otro Paula y Mauricio, lo compartían, veían la tele, el cogió el mando de la tele y la apago, las dos le miraron extrañadas.
El, con voz grave empezó a sacar lo que tenia dentro, de una forma pausada y tranquila, les dijo que no estaba bien, no se encontraba bien desde hacia años, se había replanteado su vida casi cada día y el resultado era que esa convivencia de 18 años con Avelina tocaba a su fin, por el bien de todos, así lo pensaba el.
Paula con sus 15 años y Avelina con sus 49, empezaron a encajar el golpe con lágrimas en los ojos, cada una a su manera.
Hay historias que comienzan con una mirada en un pasillo de día y otras terminan en un sofá de noche.
En algún otro lugar, el sol se asomaba y calentaba a un corazón cada vez mas, aunque fuera de noche.
El, con voz grave empezó a sacar lo que tenia dentro, de una forma pausada y tranquila, les dijo que no estaba bien, no se encontraba bien desde hacia años, se había replanteado su vida casi cada día y el resultado era que esa convivencia de 18 años con Avelina tocaba a su fin, por el bien de todos, así lo pensaba el.
Paula con sus 15 años y Avelina con sus 49, empezaron a encajar el golpe con lágrimas en los ojos, cada una a su manera.
Hay historias que comienzan con una mirada en un pasillo de día y otras terminan en un sofá de noche.
En algún otro lugar, el sol se asomaba y calentaba a un corazón cada vez mas, aunque fuera de noche.

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