domingo, 9 de noviembre de 2008

CEBOLLAS

Se levanto temprano, era domingo, iba a ser una mañana intensa, la comida con la familia era importante.

Abrió el frigo y saco todo lo necesario, lleno la encimera con los ingredientes, todo estaba situado de una forma predeterminada, armoniosa.

La cebolla, picada la noche anterior, estaba en primera fila, abriría las hostilidades en el fuego, la picaba el día anterior por que era su costumbre y además le servía para relajarse e imaginar el resultado final, la fideuá se componía primero en su mente, los olores los percibía en ese momento, la cebolla era el primer paso.

Cada cebolla era distinta, las había redondas, con muchas capas, pelonas, barbudas, oscuras, claras, abombadas, asimétricas, planas, hundidas, gemelas, tristes, dormidas, cada una tenia su personalidad, dependiendo de como fuera, así sería el resto.

Usaba un cuchillo fino, sabia que uno ancho iría mejor, pero no le daba la libertad y el control que necesitaba, era un problema de geometría, de simetría y volúmenes, cada cebolla era un reto diferente, unas veces ganaba el, otras se tenia que adaptar y doblegarse.

Las lágrimas que a veces le producía el proceso, le deleitaban, la verdad, había un poco de sentimiento en ese acto y no pondría la mano en el fuego, pero creo que alguna que otra se deslizaba como ingrediente secreto.

Mauricio hacia el amor en la cocina, la pasión era la misma, no el resultado, pero eso daba un poco igual.

Del resto, quizás otro día lo cuente.

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