sábado, 17 de enero de 2009

CELDA

Aquel cuarto era opresivo, pequeño, atiborrado de cajas y chismes, la ventana siempre abierta, en invierno y verano, de día o de noche, el espacio para transitar era un laberinto estrecho, el suelo casi no se veía.

Debajo de la mesa que iba de pared a pared, estaban los tres ordenadores, el decodificador de la tele por cable, siete regletas con al menos 40 enchufes y una pequeña cajonera que contenía todo un universo de cables, clavijas, conectores, herramientas, tornillos y mil cosas mas de muy difícil clasificación y utilidad.

El cenicero era una colonia de colillas, las coca colas se amontonaban en la papelera, había iluminación indirecta por todos los sitios, la del techo casi nunca se encendía, la penumbra era el estado habitual en donde sus ojos se movían con comodidad, la silla anatómica era su trono, su puesto de mando, en donde se tomaban las decisiones, de donde surgían las palabras, de donde las ideas y pensamientos salían hacia el éter, siete días a la semana, durante los últimos años.

La televisión y la musica eran los únicos sonidos que se escuchaban, siempre rompiendo el silencio, acompañando, dando ambiente, formando parte del paisaje, cuando había silencio, él no estaba.

La vida se cerraba a si misma en ese cuarto, cada día.

No hay comentarios:

 
Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.