jueves, 23 de octubre de 2008

PERRITA

Maurucio estaba esperando en la esquina, había quedado con Avelina, hacia años que no quedaba con ella, era una situación extraña, un tanto peculiar.

Su corazón estaba lleno de Avelina y sin embargo iba a coger el tren de las 7 a Valladolid, se alejaría de ella y no sabia cuando volvería a verla, su estado de animo estaba entre el nerviosismo y la desesperanza, la situación le traía viejos y agradables recuerdos.

Miraba a la gente ir y venir, a su lado estaba un joven con una preciosa perrita, se notaba que también esperaba, su impaciencia se veía en sus ojos, de repente la perrita reconoció a alguien que estaba plantada en el semáforo esperando a cruzar, empezó a ladrar entrecortadamente, el joven se enderezo y todo su cuerpo apuntaba a esa dirección.

El semáforo se puso en verde para los peatones y esa chica cruzo por el paso de cebra, se fundieron en un abrazo intenso, se notaba que hacia tiempo que no se veían y se adivinaba algo entre ellos, mas que amistad, mientras la perrita desesperada aguardaba su turno, le llego antes de lo que yo pensaba, su insistencia había dado sus frutos, los dos rieron y ella la abrazo con cariño y ternura, la perrita estaba como loca de contenta, lo entendía.

Se alejaron los tres por la avenida, con ese reencuentro notandose a cada paso que daban, a Maurucio se le puso la piel de gallina, seguía esperando.

Al cabo de un rato, Avelina paro el coche a su lado, sonreía y se veía guapísima, abrió la puerta y el entro, su corazón se sentía igual que el de aquella perrita, pero las personas nos comportamos de diferente manera, ¡que pena!.

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