A la salida del trabajo solían quedar en el bar de la esquina, tomaban una cerveza o un refresco, contaban la ultima, constataban lo tonto que era el jefe o se reían con lo ultimo de internet, eran unos momentos agradables, se caían bien a pesar de lo diferentes que eran, en muchas cosas se complementaban y lo que no se le ocurría a uno se le ocurría siempre a alguien.
Estaban cansados, su trabajo no era duro pero había que estar, el encierro durante horas se notaba, se respiraba la libertad en sus caras cansadas, en la calle hacia rato que la noche había desplegado su manto.
Avelina reía las bromas, disimulando su interior a todos, era una caja de seguridad, era hermética, pero sufría, el recuerdo de las palabras de su todavía marido, amenazaban con desbordarla de un momento a otro, pero seria en la soledad, como casi siempre.
El mecanismo por la que dos personas se gustan, se quieren, se casan, tienen descendencia y se alejan hasta el desprecio, estaba dando sus últimos coletazos, los mas dolorosos e hirientes.
Sin embargo su boquita siempre regalaba a los demás esa preciosa sonrisa, una sonrisa de bondad, tranquila, cosa infrecuente en estos tiempos.
Estaban cansados, su trabajo no era duro pero había que estar, el encierro durante horas se notaba, se respiraba la libertad en sus caras cansadas, en la calle hacia rato que la noche había desplegado su manto.
Avelina reía las bromas, disimulando su interior a todos, era una caja de seguridad, era hermética, pero sufría, el recuerdo de las palabras de su todavía marido, amenazaban con desbordarla de un momento a otro, pero seria en la soledad, como casi siempre.
El mecanismo por la que dos personas se gustan, se quieren, se casan, tienen descendencia y se alejan hasta el desprecio, estaba dando sus últimos coletazos, los mas dolorosos e hirientes.
Sin embargo su boquita siempre regalaba a los demás esa preciosa sonrisa, una sonrisa de bondad, tranquila, cosa infrecuente en estos tiempos.

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