jueves, 23 de octubre de 2008

CADENAS

Mauricio estaba atrapado en un limbo, no disfrutaba de las promesas del nuevo mundo y sentía como todavía las cadenas del viejo mundo le seguían haciendo llagas.

Había días en que su pensamiento se llenaba de realidad y otros la ilusión barría con todo, era como una montaña rusa a la que no se acababa de acostumbrar, las subidas y bajadas eran constantes, por momentos desestabilizaban su entereza y se sentía mareado.

De todas formas, su fortaleza estaba anclada firmemente en la esperanza y eso hacia que se doblegara por un momento para después mirar a ese cielo pintado de azul.

No era fácil, no lo era, pero los acontecimientos estaban fuera de su alcance, solo podía dejarse llevar por la marea de la realidad y esperar que no le llevara a las rocas de la desesperación con demasiada frecuencia.

La sonrisa por las mañanas en el espejo, era la terapia con la que empezaba el día, con la que empezaba todos los días de este resto de su vida.

El tiempo pasaba y Mauricio sentía como los días se acumulaban como semanas y las semanas como meses, supo en su momento que seria duro y toda armadura seria poca para defenderse del tiempo y la lejanía.

Allí estaba, en aquella terracita, tomando un cafetito y enviando un mensaje al mas allá, con la esperanza que mejorara el mas acá.

Esperaba y vivía a saltos, quizás en uno de esos saltos, dejaría a la terracita huérfana de su presencia, para siempre.

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