Hizo un fondo de pobreza, la dejo dorarse pero casi se le quema, corto la miseria en trozos grandes, rebano desencanto, limpio y pelo unos disgustos frescos, lo sazono todo con una pizca de dolor y para que el sabor no fuera plano, le añadió un picadillo de rencor y mentiras, para realzar el sabor.
Comió en el salón, delante de la tele, de vez en cuando miraba por la ventana para ver como paseaba la gente.
La textura estaba bien pero el sabor no tenia ese punto que su madre le daba al plato, debía de ser que el rencor estaba verde y las mentiras eran de hace días.
Aun así, rebaño el plato y recostándose en la silla pensó:
"Como en casa en ningun sitio".

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