domingo, 31 de agosto de 2008

SALON

El domingo se acababa, en la cocina se estaban preparando una bandeja de tentempiés, el servidor de musica ambientaba suavemente la casa con una selección de saxo tenor, el sofá como casi siempre últimamente estaba a reventar, las visitas eran cotidianas y bien recibidas, las conversaciones se sucedían animadamente.

Paula entraba por la puerta, repartía besos y se empotraba en un sitio libre, justo cuando salia la comida, Avelina medio discutía de fútbol, Mauricio enseñaba unas fotografías antiguas, después del fin de semana, estos ratos eran como un extra, un alargar la sonrisa.

Las paredes blancas del salón sonreían a todos, a todos esos que Avelina definía como "mi gente", eran casi los mismos que hacia años, pero que diferentes eran las miradas.

Además de las paredes pintadas, el suelo parecía que se había alfombrado, por lo suave que parecían los pasos, ya no retumbaban, las conversaciones se mezclaban con las risas y las miradas no observaban, se buscaban.

El domingo se acababa, la vida continuaba y toda esa naturalidad denotaba que los cambios habían llegado para quedarse para siempre.

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