sábado, 30 de agosto de 2008

ESTACION

Avelina esperaba en la salida de la estación de trenes, justo donde los coches paraban un momento para dejar su carga de ocupantes, donde se apuraban despedidas, justo donde esa puerta engullía a los viajeros que en ese momento se convertían en recuerdos de blanco y negro.

Estaba nerviosa, no quiso ir en donde llegan las oleadas de llegadores, por ser demasiado tumultuosa, no quería dar una bienvenida en medio de tanta gente, necesitaba que fuera lo mas suave posible, si se hubiera abierto la puerta de control, su cara hubiera destacado entre el gentío y su corazón empezaría a moverse de forma descontrolada, no, necesitaba mas tranquilidad y aun así sus piernas nerviosas no paraban de ir de un lado para otro.

Sabia que el tren había llegado por el panel exterior, de un momento a otro aparecería, como lo necesitaba, como lo extrañaba, como lo quería.

Habían pasado diez minutos, el tiempo no corría, el día soleado y la poca gente en el exterior daban tranquilidad a el entorno, en su interior la respiración la delataba.

Miro hacia un autobús que se había parado justo delante, mientras veía como bajaban sus ocupantes, noto una suave sensación a su espalda.

Mauricio, plantado a su espalda, la miraba, se le cayo una sonrisa y se apretó a él con ternura, de sus labios se encargaría mas tarde, a solas.

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