Hoy en el teatro he visto como un viejo, bailaba con un vestido con olor a naftalina, era el vestido de su amada muerta.
Esta visión me ha dejado impactado, no había palabras, era una escena silenciosa, solo se escuchaba la respiración entrecortada por la emoción del actor, el fondo era negro, dramático, melancólico.
Era una obra de marionetas, me ha recordado que somos como esos muñecos, con el destino tirando de los hilos, queriendo modificar nuestro papel, con la realidad tirando del hilo y nuestros ojos sin emoción, con esa mirada de fatalidad, viviendo nuestro papel.
Hace tiempo que quiero cortar los hilos que tiran de mi.
domingo, 18 de mayo de 2008
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