Después de cuarenta años distanciados, Avelina y Mauricio se volvieron a encontrar.
Quedaron para tomar algo, después de tanto tiempo había muchas cosas que contar, pero nada mas verse, las cosas que querían decirse solo se podían con la mirada, no con palabras, después de media hora de estar de pie el uno delante del otro, sin saber como, se encontraron cogiéndose de las manos y mirándose a los ojos, en un sitio donde las miradas ajenas no entorpecía su conversación silenciosa.
La piel toco la piel y recordaron, bueno mas bien fue el descubrimiento que nunca habían dejado de sentirse, fue casi todo el tiempo en silencio, las palabras no tenían sitio, solo la piel.
Las farolas de esa pequeña capital de provincia se encendieron, las gentes se recogieron en sus casas y hasta el camión de la limpieza hizo compañía a esa conversación sin palabras.
Durmieron de madrugada y cuando la luz del día entro en la habitación, el despertó descubriendo que ella le miraba, fue el despertar mas dulce y silencioso que nunca había tenido.
Ya en la estación, cuando su tren empezó a poner distancia entre los dos, apoyado en la ventanilla se lleno de ternura al verla con el pañuelo que le regalo de niño, diciéndole adiós y tapándose la boca para que no descubriera que su boca tan bonita estaba sufriendo.
Historias como esta ocurren todos los días en todos los sitios, ojala que podáis disfrutar de alguna de ellas en primera persona, algún día, es mi deseo para vosotros y si no hay tren mejor, mientras tanto, intentar ser felices, buenas noches a todos.
martes, 6 de mayo de 2008
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