Los demás nos miran, nos escuchan, perciben a alguien que se parece a nosotros, hacen eso con lo que les damos de nosotros mismos, muchas veces son matices, pequeños trozos, retazos de una personalidad, detalles del momento, ángulos de nuestra verdad, nos acercamos a ellos.
A veces la desolación nos invade, la esperanza es como una canción triste que se termina, con violines de fondo, sonando cada vez más bajita, acabándose, despidiéndose de nuestros oídos con ese sabor melancólico, arrastrando nuestras sonrisas a esa playa del invierno.
En esos momentos de tanto desapego por la vida, quizás nos debiéramos plantear si hemos dado lo suficiente de nosotros mismos para que nos amen por lo que somos, por lo que tenemos dentro, por lo que sentimos, por lo que anhelamos, por lo que nos hace sonreír sinceramente al corazón.
Quizás, esas lagrimas que quieren salir a borbotones, son la señal inequívoca que no hemos hecho lo suficiente, que no nos hemos dado lo suficiente, que nos tenemos que dar MAS, aunque nos cuelgue la vergüenza del alma.
A veces la desolación nos invade, la esperanza es como una canción triste que se termina, con violines de fondo, sonando cada vez más bajita, acabándose, despidiéndose de nuestros oídos con ese sabor melancólico, arrastrando nuestras sonrisas a esa playa del invierno.
En esos momentos de tanto desapego por la vida, quizás nos debiéramos plantear si hemos dado lo suficiente de nosotros mismos para que nos amen por lo que somos, por lo que tenemos dentro, por lo que sentimos, por lo que anhelamos, por lo que nos hace sonreír sinceramente al corazón.
Quizás, esas lagrimas que quieren salir a borbotones, son la señal inequívoca que no hemos hecho lo suficiente, que no nos hemos dado lo suficiente, que nos tenemos que dar MAS, aunque nos cuelgue la vergüenza del alma.

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