domingo, 21 de marzo de 2010

VIAJES

Eran cuatro horas y media que se repetían una y otra vez, con escasas variaciones, deseaba poder vivirlas y aun con más ganas que se terminaran de una vez.

Los espacios, los sonidos, las caras, la ilusión, los trámites, podría desenvolverse con los ojos cerrados y no notaria diferencia alguna.

Siempre intentaba dormir en los tiempos muertos y casi nunca lo lograba, no eran nervios, era incapacidad, quería darse cuenta de todo y a la vez evadirse, no conseguía ninguna de las dos cosas, le aburría esperar, ni la música del mp3 le producía placer.

Contaba: uno, dos y tres, y sentía como su cuerpo era empujado hacia el cielo.

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