Hay puertas que tardan en abrirse, tardan y tardan, mas que puertas parecen murallas.
Se queda uno delante de ellas con la esperanza de traspasarlas, de que nos abra su contenido esperanzador, sentimos que la distancia que nos separa es poca, pero no vemos que se mueva, debe ser también nuestra impaciencia.
Allí estamos, delante de ella, como rogando su apertura y hay que apretar los dientes para que no se caiga la alegría del comienzo, aunque se caiga, nos agacharemos a recogerla con cariño y volveremos a ponerla en su sitio.
Se queda uno delante de ellas con la esperanza de traspasarlas, de que nos abra su contenido esperanzador, sentimos que la distancia que nos separa es poca, pero no vemos que se mueva, debe ser también nuestra impaciencia.
Allí estamos, delante de ella, como rogando su apertura y hay que apretar los dientes para que no se caiga la alegría del comienzo, aunque se caiga, nos agacharemos a recogerla con cariño y volveremos a ponerla en su sitio.

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