Aquel sufrimiento le superaba, sentía impotencia, era un soldado en mitad de una guerra, sin sitio donde poder respirar, le faltaba el aire.
La tensión arterial se estaba apoderando de el, las manos le sudaban y el corazón le dolía, en sentido figurado y en el otro, eran momentos que no deseaba, pero allí estaban, golpeando esa incipiente alegría que tenia colgando del alma.
La negrura se abatía sobre la noche, la luz desaparecía, la muy cobarde.
Recordaba otros momentos y se rebelaba, apretaba las manos y notaba como las cuchillas de la tristeza se le clavaban inmisericordes.
De algún recóndito lugar sonó un disparo de defensa y fue peor, mucho peor.
Después de las guerras, el paisaje es desolador, aunque brille el sol, hay un silencio estremecedor que persiste, aun cuando suene un te quiero.
La tensión arterial se estaba apoderando de el, las manos le sudaban y el corazón le dolía, en sentido figurado y en el otro, eran momentos que no deseaba, pero allí estaban, golpeando esa incipiente alegría que tenia colgando del alma.
La negrura se abatía sobre la noche, la luz desaparecía, la muy cobarde.
Recordaba otros momentos y se rebelaba, apretaba las manos y notaba como las cuchillas de la tristeza se le clavaban inmisericordes.
De algún recóndito lugar sonó un disparo de defensa y fue peor, mucho peor.
Después de las guerras, el paisaje es desolador, aunque brille el sol, hay un silencio estremecedor que persiste, aun cuando suene un te quiero.

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