Avelina hacia la cama, era una cama nueva, grande, vacía, lo hacia con mimo con mucho cariño.
Hacia solo unos días que la había estrenado, eran muchas cosas las que había estrenado desde aquella noche en la calle Zurbarán de Valladolid, unas buenas y otras que le encogían el corazón de vez en cuando, las nubes se habían despejado en su vida y el sol brillaba, ese sol que parecían mirar los dos angelitos de su dormitorio.
Sus adorables manos ajustaban las sabanas, se imaginaba escenas debajo de ellas, sonreía, al mismo tiempo notaba la distancia, la ausencia, deseaba estrechar esa cama, ansiaba otro olor en la almohada.
Termino, de pie en el dormitorio miro la cama terminada, se notaba emocionado con sus recuerdos de otra cama, del sol que en ocasiones la quemaba, se debatía en su felicidad entre la angustia y la desesperación, pero recordó un proverbio árabe, "Es mejor encender una luz que maldecir la oscuridad", con ese pensamiento se ducho para ir a un cumpleaños.
domingo, 14 de septiembre de 2008
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