Maritake sacó el teléfono del bolso, era un mensaje, ya sabía de quien, eran esos mensajes que hacían que el sol de Tokio brillara como su sonrisa, hablaba de la grulla, el sake y de su corazón, le respondió mientras sonreía.
Conocía a Oru desde hacia media vida, pero recientes acontecimientos los había unido, ahora era su amor del alma.
Cuando llego a su apartamento, calle Himate 127, escalera 14, planta 21, pasillo 4, en el 1024 vivia ella, entro, dejo la bolsa de tejido vegetal en la cocina, en el sofá estaba Suko su marido, le saludo, fue al cuarto en donde Hiromi terminaba los deberes de caligrafía, vio un poco la televisión y preparo la cena a base de pasta y sopa de pollo.
Después de cenar, en el balcón, las luces que se movían por las arterias de la gran ciudad le parecieron como sus ilusiones, lejanas.
El apartamento encerraba tristeza y hastío.
Por la mañana cuando ya ni recordaba si había hecho el amor con Suko, recibió un mensaje, hablaba del monte Fuji, una geisha y un almendro en flor, Oru le arrancaba siempre una sonrisa.
Apretó el paso, llegaba tarde.
Conocía a Oru desde hacia media vida, pero recientes acontecimientos los había unido, ahora era su amor del alma.
Cuando llego a su apartamento, calle Himate 127, escalera 14, planta 21, pasillo 4, en el 1024 vivia ella, entro, dejo la bolsa de tejido vegetal en la cocina, en el sofá estaba Suko su marido, le saludo, fue al cuarto en donde Hiromi terminaba los deberes de caligrafía, vio un poco la televisión y preparo la cena a base de pasta y sopa de pollo.
Después de cenar, en el balcón, las luces que se movían por las arterias de la gran ciudad le parecieron como sus ilusiones, lejanas.
El apartamento encerraba tristeza y hastío.
Por la mañana cuando ya ni recordaba si había hecho el amor con Suko, recibió un mensaje, hablaba del monte Fuji, una geisha y un almendro en flor, Oru le arrancaba siempre una sonrisa.
Apretó el paso, llegaba tarde.

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